Deb Roy
Grabó los primeros tres años de la vida de su hijo, con el objetivo de estudiar el lenguaje

“La diferencia entre medirlo todo y medir sólo algunos es literalmente la diferencia entre todo o nada”
A los seis años, Deb Roy ya se encontraba construyendo robots; años más tarde, combinó sus estudios de Ingeniería en Procesamiento de Datos con un doctorado en Ciencias Cognitivas, para convertirse en el director del Grupo de Máquinas Cognitivas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Intrigado por la forma en que un niño aprende el lenguaje, Roy tomó una decisión bastante inusual: instaló cámaras y micrófonos en todas las habitaciones de su casa, con el propósito de grabar los primeros tres años de vida de su hijo. En conjunto con su equipo, estudiaron más de 90,000 horas de video con el objetivo de descifrar y comprender cómo un sonido simple como “gaga”, se transforma en algo más complejo, “agua”. A través del uso de “lombrices espacio-tiempo” (una forma de análisis de movimiento) y paisajes de palabras (gráficos en tercera dimensión del lenguaje), logró estudiar la relación que existe entre el entorno social y la adquisición del lenguaje. El software de análisis, creado con el fin de conocer el fenómeno del lenguaje, fue utilizado recientemente en un campo distinto: en el análisis del impacto social de la televisión, lo que ha permitido conocer con mucha mayor claridad la interacción que existe entre los medios de comunicación y el público.






















